EL Brujo Marujo

EL Brujo Marujo

 

Este relato nos transporta a la encantadora aldea de Poiares, en Portugal, cerca del majestuoso río Duero.

 Hace muchos, muchos años, vivía allí un pescador con nueve hijos. Aunque no tenía empleo, su vida estaba llena de trabajo, especialmente el de pescar todos los días en el río para alimentar a su numerosa familia. Un día, mientras pescaba como de costumbre, el pescador divisó a lo lejos un cerdo del tamaño de una vaca. 

¡Imagínate su sorpresa!

 Pensó: "Si logro atrapar a ese cerdo, tendremos comida para meses y no pasaremos hambre".

Sin pensarlo dos veces, se lanzó a correr detrás del cerdo-vaca con todas sus fuerzas. Justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, ¡zas! El cerdo se transformó en un sapo verdoso, baboso y un poco asqueroso. El pescador, sorprendido y asustado, se detuvo en seco. El sapo, con una voz profunda y resonante, le dijo:

  • ¡No te acerques más! Soy el brujo Marujo y puedo convertirme en el animal que desee. Si me dejas en paz, te concederé un deseo.

El pescador, aun temblando, pensó en su familia y en cómo un deseo podría cambiar sus vidas. Con valentía, respondió:

  • Quiero que mi familia nunca pase hambre y que siempre tengamos suficiente para vivir.

El brujo Marujo, impresionado por la nobleza del pescador, aceptó su petición. Con un gesto mágico, el sapo verdoso, baboso y un poco asqueroso, desapareció y en su lugar apareció una cesta llena de comida y provisiones que nunca se agotaban.

El pescador regresó a su casa con la cesta mágica y, desde ese día, su familia nunca volvió a pasar hambre. El brujo Marujo cumplió su promesa y el pescador aprendió que, a veces, las cosas más extrañas pueden traer las mayores bendiciones.

Con el tiempo, el pescador y su familia prosperaron. Los hijos crecieron fuertes y sanos, y el pescador siempre les contaba la historia del brujo Marujo y la cesta mágica. La aldea de Poiares también se benefició, ya que el pescador compartía su abundancia con los vecinos, asegurándose de que nadie pasara hambre.

La generosidad del pescador inspiró a otros a ayudarse mutuamente y a compartir lo que tenían. La aldea se convirtió en un lugar de solidaridad y apoyo mutuo, donde todos trabajaban juntos para el bienestar común.

El brujo Marujo, satisfecho con el resultado de su encuentro, observaba desde lejos, sabiendo que había hecho una buena acción. Y así, la leyenda del brujo Marujo y el pescador se convirtió en una historia que se contaba de generación en generación en Poiares.

 

Y colorín colorado, este relato se ha acabado.